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domingo, 26 de febrero de 2012

REC, Adán - Sueño estereofónico (cuento)

 
(Publicado con autorización expresa del autor argentino Adán Rec)

“Sueño estereofónico”


    Ellos dormían serenamente.
    Las condiciones climáticas se sumaban a esa placidez creando un ambiente agradable; una suave brisa mecía los cortinados del dormitorio, proyectando luces y sombras en la penumbra.
    La noche se prestaba a ese estado de perfección aportando el acostumbrado silencio en que se sumen las ciudades cuando la mayoría se llama a sosiego. La quietud se interrumpía a ratos por el ladrido de algún perro o por los ruidos característicos de los automóviles, que por las madrugadas y por insondables motivos parecieran amplificarse, logrando oírse a lo lejos los chirridos de los frenos o simplemente el monótono vaivén de los pistones generando presiones dentro de los motores y ruidos fuera de ellos.
    El hacía un rato que se encontraba en ese estado de somnolencia, de lucidez incompleta que resulta de la semi vigilia, de ese estado en que no se sabe con certeza si forma parte del sueño o de la realidad consciente.
    El abrazaba a la mujer; ella sí estaba inmersa en un sueño profundo. Sin embargo, el cuerpo de ella no estaba petrificado; respondía a espasmódicos movimientos casi imperceptibles, pero que denotaban una actividad mental al menos a nivel inconsciente. Por un momento, él centró su atención en los ositos de colores pastel que daban ornato al camisón de ella, y sonrió sin pensarlo, con una mezcla de burla e ingenuidad.
    Los dedos de la mano de ella presentaban un ligero temblequeo que él atribuyó a una postura incorrecta y debido a la presión que ejerce el peso del cuerpo sobre el brazo, y por ende, sobre venas y capilares de la extremidad, dificultando la irrigación sanguínea.
    Pero abandonó esa idea cuando ella comenzó a mover en forma leve su cabeza, a realizar otros movimientos evidentemente sin facultad para dirigirlos, y finalmente a emitir unos sonidos guturales que no se traducen en palabras porque no se articulan reflexivamente, sino que parecieran resultar de una caprichosa y azarosa conjunción de letras, principalmente consonantes, sin alcanzar a formar una palabra dotada de sentido.
    A él le pareció que esa emisión de sonidos era una especie de llamado desesperado. Interpretó que se trataba de una pesadilla porque en alguna ocasión él mismo despertó de algún sueño maléfico con su propio grito, y en el sopor del siniestro despertar todavía resonaba en su mente su propia voz materializada en un rotundo e inequívoco “Nooooooooooo!”.
    El grito la trajo a la realidad.
    Ella se tranquilizó al verse en su habitación, en su cama y con su hombre. Reinaba la paz y el silencio. Fue entonces que vio en él ligeros movimientos involuntarios; evidentemente estaba atravesando turbulencias en su agitada actividad cerebral. Al menos eso se interpretaba de las muecas que desfiguraban su rostro.  
       Ella supo de inmediato que él solamente tenía una pesadilla. Dudó en despertarlo en forma brusca, temiendo agravar su estado de confusión. Finalmente, lo acarició en forma suave en un brazo, pensando que de esta manera lo distraería de esa pesadilla.
       El se acomodó sin despertar; parecía haberse superado el mal trago. Sin embargo, nuevos movimientos indicaban que el sueño diabólico continuaba.
       Ella lo miraba nerviosa y fijamente, tratando de adivinar lo que esa mente manejada por quién sabe qué hilos invisibles estaba pensando, imaginando o viviendo. Lo suyo no era preocupación o intranquilidad, pero la impacientaban una serie intercalada de quejidos y respiración dificultosa acompañada de gestos de alteración.
       Ella estaba casi decidida a despertarlo de inmediato.
       Sintió humedad en su camisón; miró inadvertidamente y pudo ver los ositos de colores pastel, mojados por un delgado hilo de baba que corría desde la boca del cadáver.-